
Al terminar la primera fase de entrenamiento regresamos a La Paz para descansar algunos días y replantearnos eventuales faltas en esa fase. Uno de los aspectos que queríamos cambiar era el instructor. Hablamos con el dueño y amigo que nos organizaba los servicios en la montaña, Carlos Escobar (Q.E.P.D.), e inmediatamente nos ofreció los servicios de su cuñado Israel, un carismático y sereno instructor que me acompañaría en las próximas dos expediciones.
Esta vez estaba aclimantándome para subir posteriormente el Huayna Potosí. Estaban intentando convencerme de subir por la ruta francesa que es técnica pero yo aún no me sentía segura de volver a intentarlo. Israel me daba mucha confianza pero pensé que lo decidiría después de escalar el Charquini.




