Cuando Mirciny Moliviatis regresó de trabajar en El Bulli —considerado el mejor restaurante del mundo— tenía dos caminos: perseguir la fama internacional o volcarse a revalorizar la gastronomía de su país. Eligió Guatemala. Y esa decisión cambió todo.
La gastronomía guatemalteca es un reflejo de nuestra historia y nuestra identidad. Pocos lo entienden tan profundamente como Mirciny, chef y creadora de proyectos que unen tradición e innovación, llevando los sabores de Guatemala al mundo y demostrando que la cocina también puede contar historias que inspiran.
En esta conversación, Mirciny abre las puertas de su historia: desde los tamales de los sábados con su abuelita Chave, pasando por las cocinas más exigentes de España, hasta el momento doloroso que redefinió su propósito de vida.
Mirciny viene de una familia de trabajadores incansables. Su padre, inmigrante griego, llegó a Guatemala el 20 de octubre de 1960 con apenas 16 años, sin hablar español, buscando oportunidades en América. Su madre, una mujer profesional que participó en traer internet a Guatemala.
"Se predica con el ejemplo. Yo vengo de dos papás que son mis mejores amigos. Mi papá vino sin nada, sin saber el idioma, a probar suerte. Y creo que no ha habido un día en su vida que él no se haya esforzado por ser mejor."
— Mirciny Moliviatis
Pero fue su abuelita Chave quien sembró la semilla que definiría su vida. Mientras sus papás trabajaban, Mirciny y sus hermanos pasaban tiempo con ella, caminando al mercado de la zona 6, aprendiendo a elegir verduras, preparando los tamales del sábado.
Su abuelita se vestía elegante para ir al mercado: vestidos bonitos, zapatos a juego. Era un ritual. Y en esos paseos, entre olores de verduras frescas y la emoción de preparar el almuerzo familiar, Mirciny aprendió algo fundamental: la cocina es felicidad, unión, familia.
"Yo siempre vi a mi abuelita feliz cocinando. Ella nos despertaba ese sentimiento de olores, de sabores, de tradiciones. Yo pensaba que mi abuelita hacía magia."
— Mirciny Moliviatis
A los 17 años, Mirciny no tenía idea de qué hacer con su vida. Como muchos jóvenes, enfrentó la presión de elegir una carrera que "determinaría el resto de su vida" sin entender realmente qué era la vida.
Psicología Industrial: Un año estudiando algo que no la llenaba, siguiendo el camino de sus amigas.
El descubrimiento: Un diplomado de cocina en IFES, recomendado por su hermano Basilis y su cuñada Lorena.
La confrontación: Un chef argentino que le dijo que se moriría de hambre. En esa época, los chefs en Guatemala no eran guatemaltecos.
El primer trabajo: Asistente de pastelería en un hotel, descubriendo cuánto le faltaba por aprender.
España y El Bulli: Vendió su carro, ahorró todo, y se fue a aprender de los mejores del mundo.
En España, Mirciny llegó en el momento perfecto: la cocina española vivía su auge, con exponentes como Ferran Adrià, Juan María Arzac, Martín Berasategui transformando el mundo gastronómico.
Trabajar en El Bulli fue un shock. Cincuenta cocineros para 45 comensales. Un laboratorio de investigación. Detalles obsesivos. Perfección absoluta.
"Al tercer mes llamé a mi papá llorando, diciéndole que ya no aguantaba, que me quería regresar. Son 18 horas trabajando. Pero yo en ese momento no había entendido que estaba en el mejor restaurante del mundo."
— Mirciny Moliviatis
Su padre le dio una respuesta que cambiaría su perspectiva: "Tú decidiste estar ahí, te quedas ahí. Mejor mira qué estás haciendo mal y por qué no encajas. Busca. Si sigues buscando y no encuentras, lo hablamos. Pero ahorita, busca."
Y buscó. Aprendió que necesitaba ser excelente. Que tenía que pedir ayuda sin vergüenza. Que la excelencia es ética. Que cuestionarse a uno mismo es parte del crecimiento.
Más que técnicas culinarias, Mirciny aprendió una filosofía. Vio a Ferran Adrià hacer libros, dar entrevistas, ganar premios. Entendió que la gastronomía podía ser mucho más que estar detrás de un fogón. Fue un "abrir de ojos de todo lo que se podía hacer con la gastronomía."
En 2010, con una carrera internacional en ascenso y un programa en Fox Life, Mirciny enfrentó el momento más difícil de su vida: la muerte de su hermano Basilis.
Tenía todo para irse. Podía perseguir la fama, poner un restaurante de vanguardia en cualquier parte del mundo. Pero eligió quedarse.
"Yo no podía entender cómo en este país tan bonito había pasado lo que le pasó a mi hermano. Y yo decía, ¿por qué? No quería odiar. No quería irme. Necesitaba llegar a donde más necesiten, con inspiración, con trabajo, con lo que yo pueda dar para que esto no vuelva a pasar."
— Mirciny Moliviatis
Esa tragedia se convirtió en combustible. En lugar de buscar lo feo, decidió buscar lo bonito de Guatemala. Y lo encontró en su gastronomía.
No hay departamento, municipio, aldea, cantón o montaña de Guatemala que Mirciny no haya recorrido. Ese viaje por el país se convirtió en su mejor universidad.
"Yo puedo hablar con propiedad de la gastronomía guatemalteca porque lo aprendí desde las verdaderas guardianas de la gastronomía. Esas recetas están pasadas de generación en generación."
— Mirciny Moliviatis
Lo que descubrió fue revelador. Vio a señoras haciendo emulsiones con técnicas ancestrales, las mismas que aprendió en las cocinas más vanguardistas de Europa. Entendió que las recetas guatemaltecas guardan ciencia milenaria disfrazada de tradición.
1. Conocimiento: "Para mí, conocer era: ya conozco y entiendo de dónde viene esto, qué puedo hacer yo con esto."
2. Respeto: "Tú no puedes innovar, no puedes recrear o no puedes crear desde la ignorancia. Tú puedes hacer lo que quieras desde el respeto y el conocimiento."
3. Enamorarse de los sabores: Redescubrir la riqueza que siempre estuvo ahí, esperando ser valorada.
"Cuando tú entiendes que la gastronomía de Guatemala alimenta más que el estómago, porque te alimenta el intelecto, es cultura viva que todavía estás comiendo. Tú comes una cucharada de comida guatemalteca y estás comiendo cultura, historia."
— Mirciny Moliviatis
Durante 15 años, Mirciny y Gaby Moreno han colaborado en "Música y Cocina", eventos donde Gaby canta y Mirciny cocina para recaudar fondos. El proyecto evolucionó hacia un libro que ganó los Gourmand World Cookbooks Awards 2025.
La premisa era simple pero profunda: tanto la música como la cocina tienen el poder de transportarte, de hacerte sentir, de conectarte con memorias y emociones.
"Tú hueles algo y de repente dices: eso huele a las galletas de mi abuelita. O escuchas una canción y sabes con quién la escuchaste por primera vez. Ese es el poder que tiene la gastronomía y la música."
— Mirciny Moliviatis
El libro incluye códigos QR con playlists creadas por Gaby para cada capítulo, más videos de las recetas. Un proyecto verdaderamente innovador que demuestra cómo dos artes pueden complementarse.
Quizás el proyecto que más emociona a Mirciny es Gastrocultura: un congreso que ha traído a Guatemala a los mejores chefs del mundo —Joan Roca, Albert Adrià, Andoni Luis Aduriz, Ana Roš— para compartir su conocimiento.
Lo recaudado en cenas exclusivas se usa para becar estudiantes. Este año lograron 500 becas para jóvenes de toda Guatemala que asisten al congreso sin costo.
"Mi meta es llenar el Teatro Nacional con chicos que vengan becados de toda Guatemala. Meter a 1,500 chicos en un congreso. Empezamos con 100, de ahí 300, de ahí 500. Y ahí vamos."
También creó el primer programa de trabajo gastronómico donde empresas y el Ministerio de Trabajo absorben el costo de prácticas pagadas, permitiendo que estudiantes que necesitan llevar sustento a sus casas puedan completar sus estudios.
Pasión: "Cuando tú tienes un trabajo que te gusta, eso te motiva. Para mí no era difícil levantarme a la 1 de la mañana porque estaba ansiosa de lo que iba a pasar."
Valentía: Cruzar el océano sola a los 20 años, con un VHS como única referencia. Quedarse en Guatemala cuando todo la invitaba a irse.
Pedir Ayuda: "A veces yo no quería porque decía: me van a regañar. Pero me di cuenta que necesitaba pedir ayuda para ser excelente."
Excelencia: "La excelencia es ética. Es cuestionarte a ti mismo constantemente. Eso aprendí en El Bulli."
Tu Equipo: "Tú no puedes sola. Tu equipo es crucial. Mi equipo familiar me da estabilidad emocional. Mi equipo de trabajo me permite crecer. Si no lo valoras, no lo agradeces y no lo cultivas, no logras nada."
Ojos de Principiante: "Me encanta rodearme de gente que sé que va a ser más inteligente que yo, ir a lugares donde no tengo idea de qué estoy haciendo. Y de repente salgo con todo lo que aprendí."
Al cerrar la conversación, Mirciny dejó un mensaje para todas las mujeres que buscan su camino:
"Que busquen lo que las haga felices. Que no tengan miedo porque todas pasamos por situaciones duras. Y no tengan miedo de empezar. Todas hemos empezado muchas veces, una y otra y otra y otra vez."
— Mirciny Moliviatis
La historia de Mirciny demuestra que el éxito no es lineal. Que los momentos más dolorosos pueden convertirse en el combustible más potente. Que elegir quedarse puede ser el acto de valentía más grande. Y que honrar nuestras raíces no significa quedarse atrás, sino construir desde la profundidad de quienes somos.
