Hay conversaciones que cambian la forma en que entendemos la salud, el dolor y la muerte. Mi encuentro con la Dra. Arianne Meza fue una de esas.
Arianne es médica guatemalteca, autora de "Desatando a Venus" y creadora del podcast "Viviendo desde la Claridad". Pero más allá de sus credenciales, es una mujer que ha atravesado sus propias crisis de salud y pérdidas profundas para llegar a una comprensión distinta de lo que significa sanar.
La historia de Arianne comienza en la infancia, atrapada entre dos filosofías aparentemente contradictorias. Por un lado, su madre le inculcó desde pequeña una conexión con lo espiritual. Le enseñó sobre meditación, le compartió libros como "Tú puedes sanar tu vida" de Louise Hay, y le transmitió un concepto que se volvería fundamental: "La salvación siempre está en nosotros".
Por otro lado, su padre era el médico convencional por excelencia. Arianne lo acompañaba al hospital desde niña, lo veía trabajar, lo admiraba. "Lo veía como mi héroe", me cuenta. Fue él quien, sin saberlo, la inspiró a estudiar medicina.
Dos mundos. Dos formas de entender la sanación. Lo que en ese momento parecía una contradicción, años después se convertiría en su mayor fortaleza: la capacidad de integrar ambos enfoques.
El punto de inflexión llegó durante su carrera de medicina, cuando su propio cuerpo comenzó a hablarle de formas que no podía ignorar.
"Mi maestra número uno en cuanto a condiciones de salud fue la rosácea, porque me obligaba a ir hacia adentro y ver por qué estaba comiendo mal otra vez, por qué estaba tan ansiosa."
Arianne describe cómo en momentos de ansiedad intensa, comenzaba a sentir calor en la piel. Eran crisis que la forzaban a detenerse. Los tratamientos farmacológicos funcionaban como "curita" - daban alivio temporal, pero el problema regresaba.
Fue entonces cuando empezó a entender algo fundamental: los síntomas no son el enemigo a silenciar. Son alarmas. Mensajeros. Información sobre algo más profundo que está sucediendo.
"Dejaba que mi cuerpo fuera esta alarma para mí que me obligaba a ir hacia adentro y a buscar otras soluciones."
Le pregunté cómo hacemos para realmente escuchar esos síntomas en lugar de simplemente ignorarlos o suprimirlos. Su respuesta fue directa:
"Tristemente así funcionamos los humanos: hasta que algo nos duele, nos lastima, queremos ver la luz. Hasta que algo sobre nuestro cuerpo nos está quitando la paz, ahí es cuando empezamos a amarlo y a verlo distinto."
La rosácea no era su único síntoma. Como muchas mujeres, Arianne experimentó la combinación común de problemas digestivos, quistes en los ovarios, acné, desequilibrios hormonales. Y en su búsqueda por sanar, probó todo.
Pasó meses enfocada solo en la alimentación. Comía impecablemente limpio. Y sin embargo, los síntomas persistían.
"Me daba cuenta: no solo es la comida porque estoy comiendo re bien y me sigue pasando", explica. Entonces volcaba su atención a la mente, a la meditación. Pero tampoco era suficiente por sí sola.
"No hay sólo una cura para curar un aspecto, sino que todo al final resulta estar conectado."
Fue así como desarrolló lo que ella llama "modo quieto" - una fórmula que integra alimentación consciente con trabajo mental y emocional. No es una dieta. No es solo meditación. Es la comprensión de que el cuerpo, la mente y las emociones funcionan como un sistema integrado.
En una cultura obsesionada con las soluciones rápidas, el mensaje de Arianne es incómodo pero necesario.
Le pregunté sobre el mito de la salud femenina que más quiere desmentir. Su respuesta no dudó:
"El quick fix. Una dieta locura, todo quiero hacerlo en la menor cantidad de tiempo posible y estar lista para tomarme la foto. Hay que tomarse el tiempo y el proceso de cada quien va a ser diferente."
No existe la píldora mágica. No existe la dieta de 21 días que lo soluciona todo. Cada cuerpo es diferente, cada historia es única, y la sanación real requiere paciencia, autoconocimiento y la voluntad de ir hacia adentro.
Hablamos también sobre la dieta de eliminación - ese proceso de quitar grupos de alimentos para identificar intolerancias. Pero incluso eso, me advierte, no es una fórmula única. Hay que adaptarlo al contexto de cada persona: su edad, su nivel de estrés, cuánto duerme, qué tipo de ejercicio hace.
"Tiene que ser una consulta. Cada cuerpo está viviendo una situación diferente."
La conversación tomó un giro profundo cuando llegamos al tema del duelo. Arianne perdió a su padre - el mismo hombre que la inspiró a estudiar medicina, su héroe de la infancia - de forma violenta. Fue un asesinato.
No es su primera pérdida traumática. Su abuelo y su tía también murieron de la misma forma. "Hemos tenido muchos momentos así en mi familia", me cuenta con una vulnerabilidad que conmueve.
Esa experiencia de pérdida repentina le dejó una sensación persistente: "Es como que hoy estoy hablando contigo y no tengo ni idea de dónde estoy en la tarde y si voy a estar en un funeral."
Pero de ese dolor insoportable nació algo inesperado.
Después de la muerte de su padre, Arianne le pidió una sola cosa: que le hablara de alguna manera, que le diera una señal.
"Me da lo que le pido y la manera en la que sucede es fuera de este mundo. Todavía me da escalofríos."
No quiso dar detalles específicos - eso está reservado para su próximo libro - pero compartió que fue una experiencia tan inexplicable, tan específica, que no puede atribuirse a coincidencia.
Cuando compartió su historia en redes sociales, preguntando si alguien más había vivido algo similar, las respuestas la abrumaron. No estaba sola. Estas experiencias son mucho más comunes de lo que admitimos en voz alta.
De ahí nació su próximo libro: "Momentos Interestelares y Consejos para Navegar el Duelo". Una combinación de historias personales y de otras personas, junto con herramientas prácticas para atravesar la pérdida.
"Lo que importa es que estamos acompañados y que nos están mandando estos abrazos amorosos de otra dimensión o estos susurros amorosos que nos sostienen en tanto dolor."
Le conté a Arianne sobre mi suegro, quien falleció hace casi dos años. Mi hija tenía tres años cuando él murió, y ahora, con cinco, todavía lo busca en las estrellas. "Este es Tito", dice cada vez que ve una brillar.
Ella habla de él abiertamente, pregunta cómo nos sentimos, quiere ver videos. Y mi primer impulso muchas veces ha sido cambiar el tema, protegerla del dolor.
La respuesta de Arianne fue clara y directa:
"Hay que hablarlo. La muerte es un tema muy presente en nuestra casa. En las noches mis hijos quieren hablar del tema, quieren hablar del cuerpo, de cuando el cuerpo ya no está, cuando está bajo tierra. Y hay que hablar todo lo que se puede hablar porque si uno no lo habla, ahí es donde empiezan esos miedos y ese dolor."
Evitamos estas conversaciones porque tenemos miedo de no tener las respuestas correctas. Pero Arianne insiste: no necesitamos tener todas las respuestas. Podemos decir "no sé, mi amor, de verdad no tengo esa respuesta, pero esto es lo que yo creo..."
"Al final es lo más natural del mundo. No hay quién se va a salvar de este dolor o de irse. Todos nos vamos a ir, entonces hay que hablarlo."
Le pregunté qué le diría a alguien que está atravesando un duelo en este momento. Su respuesta fue profunda y honesta.
"El dolor hay que sentirlo. Porque cuando uno trata de no sentirlo, se hace más grande, se hace peor, la mente se pone loca. Hay que darnos el permiso de estar en lo más bajo, de verdad sentirlo y llorar."
Y luego compartió algo que me quedó grabado:
"Cuando uno llora, uno se va dando cuenta que uno llora de amor. Entonces como que se va transformando. Uno eventualmente para de llorar. Uno cree que no va a parar, pero eventualmente hay algo amoroso que vuelve a aparecer."
El duelo no es lineal. No hay un timeline correcto. Cada proceso toma el tiempo que necesita. Y el dolor nunca termina completamente - eventualmente regresan memorias, historias - pero su intensidad cambia. Deja de ser algo negativo cuando aprendemos a cuestionar nuestros pensamientos sobre la muerte.
"Al final, lo que nos duele más es la creencia que estamos teniendo sobre la muerte y sobre el hecho de que la persona no está. Pero en realidad, el dolor como el momento de trascender es puro amor."
A pesar de las pérdidas traumáticas que ha vivido, Arianne ha llegado a una paz profunda con la muerte.
"En mi mente humana, el ego tiene miedo. Pero creo que en lo profundo sí entiendo que no hay que tener miedo por todo lo que ha pasado y todo lo que he visto sobre la muerte. Y lo que no es la muerte en realidad - no es una muerte, es una transición. Y hay algo más. Y ese amor nunca muere, siempre se queda con uno."
Al final de nuestra conversación, le hice cinco preguntas rápidas. La primera: una palabra que defina su filosofía de vida.
Su respuesta: "Intensa".
"Puede ser para bien o para mal, pero todo lo vivo con intensidad. Hay que migrar un poco a que sea lo positivo", explica con una sonrisa.
Le pregunté también por la frase que recuerda cuando las cosas se ponen complicadas:
"La voluntad de Dios es la mía. No importa qué se presenta, si eso quiere la vida para mí, yo también lo quiero. Es como sólo decidir no pelearlo."
Aceptación radical. No resignación, sino la decisión consciente de no pelear con la realidad.
De esta conversación con Arianne me llevo varias verdades que resuenan profundo:
Los síntomas son mensajeros, no enemigos. Cada dolor, cada molestia, cada desequilibrio está tratando de decirnos algo. Nuestra tarea no es silenciarlos, sino aprender a escucharlos.
No existe el "quick fix" en la salud. La sanación real requiere tiempo, paciencia y la voluntad de abordar cuerpo, mente y emociones como un sistema integrado.
Todo está conectado. No podemos sanar un aspecto aislado de nuestra vida. La alimentación afecta nuestros pensamientos. Nuestros pensamientos afectan nuestro cuerpo. Nuestras emociones afectan nuestra digestión. Es un sistema complejo que requiere atención holística.
Hay que hablar de la muerte. El silencio no nos protege - es donde crecen los miedos. Hablar abiertamente, especialmente con los niños, normaliza lo que es natural e inevitable.
El dolor hay que sentirlo. Cuando tratamos de evitar el dolor, se hace más grande. Pero cuando nos damos permiso de sentirlo completamente, eventualmente nos damos cuenta de que lloramos de amor, y eso transforma todo.
La muerte es una transición, no un final. Y estamos más acompañados de lo que creemos, en formas que no siempre podemos explicar.
Arianne está activa en Instagram como @arianne.meza. Su libro "Desatando a Venus" está disponible en Sophos Guatemala y próximamente en formato digital.
Su próximo libro, "Momentos Interestelares y Consejos para Navegar el Duelo", saldrá en los próximos meses y promete ser una guía honesta y profunda para quienes atraviesan pérdidas.
También puedes escuchar su podcast "Viviendo desde la Claridad" donde sigue compartiendo herramientas y reflexiones sobre salud integral.
Esta conversación me recordó algo que a veces olvidamos en nuestra búsqueda de soluciones rápidas y respuestas fáciles: la sanación no es un destino, es un proceso. Y ese proceso requiere que volvamos una y otra vez a lo mismo: escuchar, sentir, aceptar.
Arianne vive lo que enseña. No habla desde la teoría, habla desde haber atravesado sus propias crisis de salud, sus propios duelos, sus propias preguntas sin respuesta. Y precisamente por eso, sus palabras tienen un peso diferente.
En un mundo que nos vende soluciones instantáneas y nos pide que evitemos el dolor a toda costa, Arianne nos invita a hacer lo contrario: ir hacia adentro, sentir completamente, aceptar lo que es.
Es un camino menos popular, pero es el único que conduce a una sanación real.
